Espadas Antiguas

Las espadas antiguas conforman un grupo de antigüedades muy especial. Por un lado, son piezas militares que nunca deben faltar en una buena exposición de armas antiguas. Por otro, su belleza y magnífica presencia las convierten en artículos de gran potencial decorativo. Dentro de la denominación “espadas antiguas” encontramos muchas piezas difer...

Las espadas antiguas conforman un grupo de antigüedades muy especial. Por un lado, son piezas militares que nunca deben faltar en una buena exposición de armas antiguas. Por otro, su belleza y magnífica presencia las convierten en artículos de gran potencial decorativo. Dentro de la denominación “espadas antiguas” encontramos muchas piezas diferentes, cada una con su nombre, configuración, función y estilo propio. Desde los imponentes sables antiguos, que solían formar parte del equipamiento de los cuerpos de caballería e infantería, hasta las navajas antiguas que tan célebres hicieran los bandoleros, las armas blancas de época siguen despertando una fascinación notable que aumenta con el paso del tiempo.

Aunque muchas de ellas aún no han alcanzado el siglo de antigüedad, podemos considerar espadas antiguas las armas blancas fabricadas y empleadas hasta el final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Esta contienda la protagonizaron ya las armas de fuego, quedando las armas blancas en segundo plano. Sin embargo, durante siglos fueron el armamento más importante que llevaban los ejércitos, incluso después de la aparición de las armas de fuego (a las que incluso llegaron a incorporarse en forma de bayonetas).


Si bien muchos uniformes militares incluyen sables y dagas en su equipación, a partir de la II Guerra Mundial esta práctica se convirtió en algo reglamentario, prácticamente sin función práctica. Sin embargo, sabemos que los soldados japoneses portaban unos cuchillos llamados gunto, similares a las famosas katanas. Los oficiales del cuerpo de élite del ejército nazi llevaban también distintos tipos de dagas. En esta contienda, las armas blancas se utilizaban en combates cuerpo a cuerpo y como complemento del resto del armamento; por esta razón, solían ser armas cortas como dagas o cuchillos.  Cabe destacar la célebre figura de Jack Churchill, un capitán británico que luchó en la contienda con un arco, flechas y una espada de doble filo conocida como “Claymore”. Churchill fue capturado por los alemanes (protagonizó una espectacular fuga) y sobrevivió a la II Guerra Mundial, falleciendo en 1996.


Breve historia de las espadas antiguas


Las primeras armas blancas de la historia datan de la Edad del Bronce, cuando se forjaron las primeras dagas. No es hasta el año 2000 a. C. cuando la técnica del forjado del metal da lugar  a las primeras espadas antiguas, tal y como hoy las conocemos. Entonces las hojas se fabricaban en bronce, lo que las hacía más frágiles; en el siglo XIII a. C. se empiezan a crear las primeras espadas de hierro. Durante la Edad Media y el Renacimiento, las armas blancas evolucionan y aparecen modelos como los sables, los machetes y los spadone, armas grandes y pesadas que se manejaban con las dos manos. En la Edad Moderna estas armas se hacen más ligeras; aparecen los estoques y otras espadas antiguas similares, que incorporan medidas de protección en la empuñadura. El desarrollo y uso de las armas blancas continuó hasta la II Guerra Mundial; partir del final esta contienda, se utilizan sobre todo como complemento de uniformes de gala y desfile.


Tipos de armas blancas antiguas


Bajo el nombre de “armas blancas” podemos distinguir los siguientes tipos:

  •          Espadas antiguas: armas de hoja larga recta de doble filo.
  •          Sables antiguos: largos, curvados y con un solo filo.
  •          Machetes antiguos: a medio camino entre la espada y el cuchillo, tienen un solo filo y menos de 60 cm de longitud.
  •          Estoques antiguos: también conocidos como “espadas roperas”, llevan una hoja larga y puntiaguda y se esgrimen con una sola mano.
  •          Dagas antiguas: de hoja plana, usualmente de dos filos y punzante. Más cortas que la espada y más largas que el puñal.
  •          Puñales antiguos: armas cortas (entre 20 y 30 cm de longitud) y puntiagudas para defensa personal. Los hay de distintos tipos, entre los que destacan la almarada y el estilete.
  •          Navajas antiguas: llevan una hoja escondida en una empuñadura formada por dos laterales o “cachas”. La hoja está unida a la empuñadura mediante un eje que permite desplegarla y esconderla.
  •          Bayonetas antiguas: armas blancas puntiagudas que se colocaban en la boca del fusil o la carabina para el combate cuerpo a cuerpo.
  •          Alabardas antiguas: lanzas de madera con una punta de metal provista de una cuchilla con forma de hacha.


Las espadas antiguas, así como el resto de las armas blancas de época, conforman un universo que destila fascinación. Sus detalles, su calidad y su temible aspecto hacen de ellas piezas fundamentales en cualquier colección de antigüedades militares o bélicas.

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