Joyas Antiguas

Coleccionar joyas antiguas es una afición que tiene dos vertientes. Por un lado, es todo un placer buscar, encontrar y hacerse con las piezas más bellas y especiales para incluirlas en nuestras colecciones. Y por otro, las joyas de calidad son siempre una magnífica inversión que aumenta de valor con el paso del tiempo. Los hermosos diseños y nob...

Coleccionar joyas antiguas es una afición que tiene dos vertientes. Por un lado, es todo un placer buscar, encontrar y hacerse con las piezas más bellas y especiales para incluirlas en nuestras colecciones. Y por otro, las joyas de calidad son siempre una magnífica inversión que aumenta de valor con el paso del tiempo. Los hermosos diseños y nobles materiales empleados en la confección de las piezas de joyería antigua hacen que sus diseños nunca pasen de moda, manteniéndose tan bellas y actuales como cuando fueron realizadas.


Breve historia de la joyería


La pasión por adornarse con materiales preciosos ha acompañado a hombres y mujeres desde los primeros tiempos de la Humanidad. En la prehistoria, cuando los metales todavía no se conocían los seres humanos se embellecían con joyas y adornos realizados con conchas de moluscos. Las primeras piezas de joyería conocidas proceden de Sudáfrica y están fechadas en la Edad de Piedra: esto significa que la pasión por las joyas acompaña al hombre desde hace 75.000-100.000 años. No fue hasta la Edad del Cobre (hace 7.000 años) cuando se fabricaron las primeras joyas de metal; pero  en realidad, la auténtica pasión por la joyería nace en el Antiguo Egipto, cuando la ornamentación fabricada con metales nobles y piedras preciosas se utilizaba como forma de embellecimiento, símbolo de poder y parte del ajuar funerario.


Durante la Grecia Clásica el uso de las joyas se reservaba a las mujeres, quienes las usaban en ocasiones especiales (una costumbre que perdura hasta nuestros días). En cambio, en la Antigua Roma las joyas eran utilizadas tanto por hombres como por mujeres. En la Antigua Roma, los patricios ricos conservaban la costumbre etrusca de llevar un anillo de hierro que indicaba su estatus. En principio (año 321 a.C.), el anillo de oro (annulus aureus) estaba reservado solo a los nobles con puestos oficiales, pero con el paso del tiempo su uso se extendió a todos los estratos sociales. También existían anillos con sello para marcar documentos oficiales. Los anillos y broches para sujetar la ropa eran joyas muy apreciadas por los romanos, mientras que las mujeres usaban collares, brazaletes, colgantes y anillos.


A lo largo de la Edad Media se mantuvieron muchos de los diseños romanos; en estos siglos cabe destacar el uso de piedras preciosas y semipreciosas en broches, collares, coronas, anillos… Los camafeos también eran muy populares. Tras una época de expansión durante el Renacimiento, en el Primer Imperio Francés (época de Napoleón I) la joyería francesa experimentó un gran auge que se mantuvo durante el siglo XIX. En Estados Unidos surgió la firma Tiffany (1837), que compartió los primeros puestos mundiales con Cartier en Francia y Bulgari en Italia. Estas grandes firmas permanecen en nuestros días, compartiendo espacio con nuevos diseñadores que utilizan materiales como el acero y piedras más asequibles. De esta forma, hoy día la joyería es un lujo asequible que marca, sin duda, la diferencia.


Tipos de joyas antiguas


En la actualidad tenemos acceso a una gran variedad de joyas antiguas, procedentes de todo el mundo y fabricadas en oro, plata y platino. Existen magníficas piezas llenas de encanto y belleza: anillos, pulseras, broches, pendientes, collares, tiaras, colgantes, brazaletes… Estas piezas de joyería antigua despliegan todo su atractivo frente a las joyas de reciente fabricación, que no alcanzan en modo alguno su interés ni su personalidad. Porque las joyas antiguas son auténticos tesoros, dignos de reyes de antaño o de aquellas elegantes damas que brillaban en los salones de finales del siglo XIX.

 

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